sobre Spinetta, el rock, y macri

Vayamos al centro de la cuestión y hablemos de música, de rock. Se supone que el rock es, cito a Martin Zariello, “es dejar que el pensamiento libre fluya, [se supone] que el rock es tolerancia, es subvertir los órdenes de la vida cotidiana aportando una cuota de pasión y creatividad a la mediocre vida de los terrestres”. Siguiendo ese razonamiento, Luis Alberto Spinetta es, sin lugar a dudas, Rock con mayúsculas. En casi medio siglo haciendo música siempre fue honesto y pretencioso en el buen sentido. Generalmente estas dos cualidades no suelen venir juntas, ya sea por una exaltación del sentimiento y el vamos-a-hacerlo-como-salga-ya-fue o por una separación con el público, denigrándolo por no estar al nivel del artista. Spinetta nunca se sintió más que lo que fue y, humilde, hacía chistes sobre sus propias canciones o hasta autocríticas insolitas (“¿y encima le quiere robar un color? ¡pobre piba!” dice sobre Muchacha Ojos de Papel).

Esta desdramatización de su obra que hace el propio autor es genial: es capaz de escribir los versos más complejos (“ya que Dios es un mundo/ en el que amar es la eternidad/ que uno busca”) y los más simples (“me gusta ese tajo que ayer conocí”) con el mismo compromiso. Y es así como salen las letras más inspiradas del rock nacional, casi sin querer. Con simpleza y sutileza en partes iguales, Luis Alberto dice “Quiero sentirme en tus sueños/ quiero llenarte de dicha” o “Estoy entusiasmado con tu río de amor/ es una fuerza que une mi destino/ ¿cómo haré para encantarte con la canción/ que es un anhelo que dura lo que una brisa?”.

No hay una búsqueda formal en Spinetta, simplemente una evolución no-lineal de estilos encarnados en canciones que supusieron el mejor vehículo para los, perdonen por usar esta palabra, mensajes que se quisieron dar. Qué es lo que quise decir, se preguntarán. Que el Flaco nunca se quedó quieto, nunca pudo quedarse estático. No había terminado de separarse Pescado Rabioso y ya tenía que grabar Artaud. ¿Y el público que hacía? Trataba de seguirlo y se extasiaba. Él es de esas personas que hace algo imposible y no puede entender que los demás no lo hagan con la misma facilidad. Nosotros, encerrados en tres o cuatro imágenes mentales, dos acordes y media idea, vemos en el Flaco algo así como una divinidad. Alguien que es, para describirlo en pocas palabras, Dios.

Sin embargo, el hermano (Charly) y los hijos (Cerati, Calamaro, Páez) tienen más público que Dios. Tienen o han tenido recitales más multitudinarios. Sólo hay uno del Flaco que pueda compararse y para eso tuvo que juntar a todas sus bandas y tocar por más de cuatro horas:  para el seguidor spinetteano esa noche será recordada como las Pascuas. Sólo esa noche contradijo lo que escribió en 1973, que mañana era mejor. Mientras que los recitales de Páez son las mismas putas 20 canciones, quien compuso la canción más emblemática del rock argentino, Muchacha Ojos de Papel, sólo la tocó un puñado de veces.

Todo este palabrerío lo provoco la inauguración de una estatua de Spinetta a diez cuadras de mi casa, en Villa Urquiza. Porque estoy seguro que toda esa parafernalia no es consecuente con su carrera y su vida. ¡Las estatuas dejémoselas a los políticos y a los próceres! El rock tiene que estar vivo, moviéndose, no grabado en piedra. ¡Yo quiero que hagan más reversiones de Artaud! (http://www.youtube.com/watch?v=Q6P88gt-5NY). El rock no está en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ni en ninguna institución, está en el aire, esperando que respiremos y abramos los ojos. Por eso quiero que me canten sobre la libertad y no que me encierren en una estatua. Hagamos recitales, fiestas, lugares en donde Spinetta se sentiría cómodo y no en un evento careta.

Entonces estos guiños hacia la cultura joven, el rock, sólo hacen desviarlo de su camino de libertad, de creación, de crítica. Entonces cuando esta gente quiere aceptarla como cultura ya estandarizada, lo único que se logra es que surjan por nuevas vías de expresión otras bandas, otro arte. Evitemos ser “lo nuevo” en el suplemento de cultura joven, eso dejémoselo a Tan Biónica. Porque el cómo también es el qué.

Así que por eso, si quieren homenajear al mejor músico argentino, compongan una canción y vayan con la guitarra a cantársela a orillas del Río de La Plata, donde están sus cenizas.

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