el rati horror show, ¿la película perfecta?

Tiremos toda la carne al asador: El Rati Horror Show es la película perfecta. Pasaré a explicar porqué en los próximos dos párrafos y en los subsiguientes trataré de negarlo.

Fernando Carrera protagonizó la apresuradamente llamada “Masacre de Pompeya”. Así como pudo haber sido él pudo haber sido cualquier otro, porque la policía le disparó por error y luego plantó pruebas falsas que pretendían ser su justificación. Inconsciente por los disparos atropelló y mató a tres personas. Cárcel por treinta años y condena social de por vida. Enrique Piñeyro investigó las irregularidades del caso, filmó una película e hizo que el condenado pudiese salir. En estos días se dictó que Carrera tenía que volver a la cárcel, pero ese dejémoslo para después.

Lo que me inquieta es el poder de esta película. Es decir, muchas películas han cambiado nuestras vidas, pero ¿cuántas la han cambiado radicalmente? No nos hagamos los artistas, me refiero a la muerte o la cárcel. El Rati Horror Show le salvó la vida a este hombre. No es poca cosa. De ninguna hay en estas líneas una visión marxista del arte como una herramienta para poner en escena cosas como la alienación o la plusvalía, pero hay que reconocer que vale más la vida entera de un hombre que un buen rato de una sala llena. Entonces, siguiendo este razonamiento, objetivamente esta película es mejor que, por ejemplo, Dos más Dos. Y si nos arriesgamos un poco, digamos que todo el cine es una gran paja mental comparada con El Rati Horror Show.

De ninguna manera pienso hacerme cargo de la frase que cierra el párrafo anterior. El problema radica en las herramientas cinematográficas de las que Piñeyro se vale para hacer su película. El Rati Horror Show es sólo una investigación que está filmada: podría haber sido un libro o un documental para TV. Que haya en escena todo un arsenal de accesorios Mac o que se hagan ciertos juegos visuales no alcanza para que podamos decir que esta sea una buena película.

Otro plano en el que podemos juzgar a Piñeyro (no se olvide que desde este espacio nos declaramos dueños del mundo y que por eso podemos variar entre el plural y el singular) es el ideológico. Siguiendo la línea canchera-opositora de Lanata y Caparrós, hace un reduccionismo alarmante sobre la corrupción y sus consecuencias: allá están ellos, los malos, los corruptos, los gobernantes, y acá nosotros desde una torre denunciándolos. Tratando de denunciar sin ideología, se hace cargo de una falsa objetividad que es de donde se han hecho los enunciados más nefastos.

Y por último, me molesta de sobremanera que Piñeyro me trate de estúpido. Repitiendo lo mismo que dice su ayudante chupa medias, quiere asegurarse de que entendamos, porque para él no es suficiente dar una vez la información. Los planos, las dramatizaciones, ciertas puestas en escena son insoportablemente redundantes.

Me quede sin conclusión para esta desordenada nota, buenas noches. Mañana veré el Caetano’s Cut de la peli de Néstor y habrá mucha tela para cortar.

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