sobre 20.000 besos

No sé cómo funcionan las demás personas, pero yo todavía no puedo sentarme a escribir si no es por obligación. Y no es porque no me guste, o porque no tenga qué decir. Simplemente en el acto de la escritura debe haber concentración y constancia: cosas que no abundan en mi generación. Cuando escribo sobre cine en lugares a priori serios, donde hipotéticamente tengo más alcance, me obligo a describir como un agrimensor punto por puntos los aspectos del film como la iluminación, la música, el montaje o las actuaciones. Entonces una nota se transforma en espacios a llenar, dividido cuidadosamente en párrafos. Quizás por la hora o por el mood hoy no pienso hablar de 20.000 Besos. Tengo una pequeña idea a partir de la película y voy ver si puedo cristalizarla.

Chaplin decía, hablando sobre el avance del cine sonoro, que “[…] la belleza es lo más importante del cine. La pantalla es pictórica: chicos y chicas encantadores en unas escenas adecuadas, ¿decís que no saben interpretar? Está claro que no tienen talento, ¿y qué? ¿a quién le importa?”. Podría decirse que ahí está el germen de todo el cine estadounidense. El star-system y la razón por la cual los actores, y sólo los actores, llenan las salas. Sin embargo, ahí están los modelos de Bresson y su alejamiento total de un arte de la interpretación como tal. El cine son asientos que llenar, sin olvidarnos que hay también una pantalla por llenar.

20.000 Besos es esencialmente cinematográfica y ese no es un dato menor. Vemos una consecuencia y luego su causa. Vemos a Juan, que camina desconcertado y después nos enteramos que su chica Luciana estuvo con otra persona en una fiesta de disfraces. Está Alan Sabbagh cronometrando el beso con sus chasquidos hasta que vemos el acto en cuestión. En ralentí están Luciana y Bettlejuice besándose, cuando se produce algo maravilloso: hay un resplandor en el centro de la pantalla y se ve un pequeño pedacito de una lengua (no me atrevería a decir de quién). Si hubiésemos estado en ese momento, personalmente, el recuerdo habría borrado las precisiones, pero nunca ese destello. En esa nimiedad hay cine. La percepción de una herramienta, de una cámara, que maquinalmente captura, puede tener la subjetividad de una persona. Esos detalles eran los mismos que fascinaban a Meliés. En las películas de Lumiére las hojas, atrás, se movían por el viento, solas. Michel Houellebecq describe mejor esta sensación: “Nos convertimos en pura percepción; el mundo aparece en su inmanencia. Nos sentimos muy felices, con una felicidad extraña. Enamorarse también puede provocar esa clase de efectos“.

Hablando de enamorarse, y volviendo a lo que dice Chaplin, qué importante son las mujeres. No digo nada nuevo, pero creo que los mayores momentos de belleza alcanzados son cuando la cámara se fascina y redescubre los cuerpos femeninos. No de manera erótica o superficial, sino de manera casi analítica. Con una militancia por la belleza. Creo firmemente que hay películas que pasan de ser regulares a casi muy buenas por sus actrices. Reality Bites por ejemplo. Winona Ryder ahí está perfecta, a pesar de su personaje y de las boludeces que le hacen decir. A uno le da la sensación de que su personalidad está ahí, inmaculada, y que se complementa a la nuestra, así como a nuestra mirada la completa su imagen. O cuando Carla Quevedo baja la cabeza, sube la mirada, y sonríe, yo no le pido más al cine. La percepción de la cámara está casi igual de alterada como nosotros. Sigue habiendo ese estado de excitación que nació con el cine mudo: el placer de redescubrir algo, y volverlo a poner en pantalla, redimensionado. Un cine de los sentidos, alejado de la colonización de la literatura, asumiéndose como arte independiente.

Sí, ya sé, me voy de mambo. Son quizás elogios desmedidos para una película que se asume como menor. Prefiero eso antes que el casette. Porque la crítica debe ser así, espontánea, personal, y un poco arbitraria. Prefiero hablar de lo que estoy seguro: no podría juzgar a la película en su totalidad (¡¿quién soy yo para juzgar?!). Recién todavía puedo apreciar la belleza – ojo, que podría parecer un procedimiento casi publicitario- y reconocer ahí sinceridad e inteligencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s