gravity

En este momento Alfonso Cuarón está muy ocupado agregando a su currículum haber tenido el honor de que Gravity fuese la primera película vista dos veces en el cine de Lautaro Garcia Candela.

Ahora yendo a lo serio, ¿es posible juzgar a una película por su nivel de (supuesta) autoconsciencia? Es decir, ¿cómo podemos saber hasta que punto las decisiones formales y argumentales fueron problematizadas incluso dentro del film? ¿podemos decir si una película es buena por cosas que no están adentro? Clooney le dice a Bullock que ponga su cronómetro en una hora y media. Quiero pensar que Alfonso Cuarón, con millones y millones a cargo para hacer una película, cuida hasta el más mínimo detalle. Quiero pensar que esa hora y media implica la duración de una película estándar y que, siguiendo los consejos de Hitchock, veremos un pedazo de torta y no un pedazo de vida. Y que todas esas decisiones fueron pensadas y que mis razonamientos no son producto de un mal estudiante de cine.

Otra: la supuesta inverosimilitud. Quintín, sobre la película, dice: “si tuviera alguna verosimilitud haría morir diez veces a los protagonistas.” Me da la sensación de que si ésta fuese una película canónica, si figurase en todos los ránkings (abstrayendo la cuestión temporal), ese detalle no importaría mucho.

Hay un cartel al inicio de la película que indica muy claramente, en el espacio no-hay-sonido. Pero en la siguiente hora y media Cuarón se caga en ese cartelito. Hitchock y Bresson pudieron hacer sus obras maestras sin música. Este último, en sus notas sobre el cinematógrafo, dice: “Música. Ella aísla a tu película de la vida de tu película (deleite musical). Es un poderoso modificador e incluso destructor de lo real, como alcohol o droga.”

Muchos elogian la austeridad tanto argumental como temática (lo más susceptible a interpretaciones son las estatuillas religiosas en las distintas naves). Pero la psicología de los personajes está sobrecargada en una relación casi absurda con la inmensidad del escenario. El zapato rojo de la hija de Ryan entre las estrellas. El edulcorante puesto en esta película no puede ser inocente. O me resisto a pensar eso.

Y entonces mis amigos me dicen: es Hollywood. Esa visión simplista y si se quiere tranquilizadora creo que ya está superada desde los ’50, desde los Cahiers. Debo exigirle el mismo rigor formal, o incluso más, a los autores del sistema.  Pero entonces pienso: esta película si no fuese por la música y el hijo de Sandra Bullock ería una obra maestra. Me respondo: es culpa de Alfonso Cuarón y no del Sistema (así con mayúsculas).

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