#BAFICI 3: Réimon

Hay cierto consenso crítico con respecto a que Réimon es una buena película y que también es eminentemente política. Aunque ya sabemos que no podemos hablar en términos de “bueno” o “malo” respecto de la mayoría de los films, se puede decir que hay méritos, miradas innovadoras, un perfeccionamiento de un sistema o exhaustivo trabajo sobre los detalles que hacen a la película en cuestión. Todas esas cosas se pueden encontrar en la película de Rodrigo Moreno, que es un lúcido trabajo sobre los intereses y confrontaciones de clase en el contexto bonaerense. Sin embargo hay algo,que pretendo descubrir escribiendo este texto, que hace que la película no termine de convencerme de su genialidad. Probablemente, considerando el entusiasmo que generó en la crítica, mi desconfianza surja por la simple razón de que no tengo las herramientas suficientes como para acercarme al film. Pero supongamos que tengo un autoestima a prueba de balas y muchas ganas de demostrar porque ésta no es una gran película.

Lo que no podemos negar es la rigurosidad formal de Rodrigo Moreno: ningún plano está porque sí, y en su conjunto puede verse un sistema de seguimiento a la protagonista, Réimon, un poco distante (producto de la distancia estructural, si usamos terminología marxista) y -esto es importante si consideramos cierta tradición del cine argentino iniciada por Trapero- de ningún modo paternalista. Para eso están sus jefes, esa pareja de burgueses que tratan torpemente de estar a la altura de su empleada.

No sólo eso, sino que hay grandes momentos cinematográficos, que son ideas en imágenes, que en su minimalismo hay una visión del mundo. Momentos, incluso, que casi llegan a la abstracción, como cuando las sábanas ocupan la totalidad del encuadre o cuando sólo vemos manos que acomodan incómodamente porque hay plata en el medio, un billete de dos pesos arrugado, descuidado, que nadie notaría su ausencia. Hay travellings que son justamente políticos, que no siguen con rigor a la protagonista, sino que se desfasan, como no pudiendo mantener su ritmo.

En la charla sobre crítica latinoamericana organizada por el BAFICI, Diego Lerer (o Battlle, se me confunden) decía que gracias a todo el sistema de Labs, Talent Campus o ese tipo de cosas hacían que ya la crítica estuviese ya dentro de la película, que estuviese sobre-escrito el guión. Desconozco cuál fue el proceso de escritura, pero es verdad que ya casi no se puede hablar del film porque cualquier línea de análisis ya está contenida y prevista por la película. Hay que escaparse de su lógica y del método que dice que la crítica debería ser una extensión de la experiencia que propicia la película.

Es evidente la filiación a (una de las épocas de) Godard hacia fines de los ’60, con películas de ensayo como La Chinoise o Tout va bien. Pero con una gran diferencia: si la gramática godardiana multiplicaba sentidos rompiendo con un régimen de representación, Reimon utiliza todas esas lecturas del texto de Marx puestas en escena para confrontarlas con lo que se está narrando. Es decir, por más sofisticado que sean los recursos utilizados están en función de aplicar un texto a una situación, reduciendo toda la libertad del espectador a eso. Ahí está , listo, necesité cinco párrafos para llegar a la frase de recién.

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