#BAFICI 4: el color que cayó del cielo

(Con el ritmo del BAFICI, me pareció bueno invitar a que otra gente escriba. Hoy, un amigo.)

Por Tomás Guiñazu

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¿Cómo analizar “El color que cayó del cielo”? ¿Cómo ‘criticar’ película semejante? Si bien no tendrá sentido en un comienzo, creo que comenzar con una pequeña cita de una crítica del dueño de esta página sería lo más adecuado: “A veces digo, medio en serio, medio en joda, que me siento más cercano de los que estudian biotecnología –y que son viejos amigos- que de algunos compañeros de la FUC. Definitivamente para meterse con algo tan intrincado como las ciencias naturales con todos los sacrificios que eso implica, hay que tener vocación, algo que no abunda en mi facultad, en la que indecisos y niños ricos se agolpan porque no tienen nada mejor para hacer y deambulan por las clases sin ver más de veinte películas por año. Por eso no importa el qué.” Punto y aparte. Volveremos en breve con esto.

“El color que cayó del cielo” es un grandioso documental. Excepcional. El mismo programa que ahora leo para redactar este artículo dice lo siguiente: “Sergio Wolf persigue por el noroeste a los cazadores de meteoritos en un documental detectivesco, más interesado por esos obsesivos buscadores que por el mismísimo Mesón de Fierro, monumental aerolito desaparecido en el siglo XVIII.”

Que suerte que dice Sergio Wolf al principio, sino dudaría mucho antes de ir a verla. Y es que si alguien lee su nombre, debe pensar rápidamente en “Yo no se que me han hecho tus ojos”, película del 2003 y de su autoría. Película que comparte una misma técnica de narración; pero que en esta oportunidad se multiplica hasta el infinito. Volviendo a la aburrida sinopsis, concuerdo en el hecho que el eje central de la película son, los investigadores (Bill Cassidy y Robert Haag) y los meteoritos; es más, dicho Mesón de Fierro mencionado, sólo será la excusa que toma Wolf para llenar a Campo del Cielo de un aura que roza la fantasía, explora la aventura e investiga los misterios. ¿Fantasía, aventura y misterios? ¿Ficción? No. Documental. Y ello es lo que sorprende en esta genial obra que nos hace dudar sobre si lo que se cuenta es real o es una falacia total. La película está compuesta por entrevistas (lugareños, investigadores, policías), materiales de archivo (filmaciones de excavaciones, videos realizados por pobladores) y una excelente voz en off que, si bien es menos activa que en “Yo no se que me han hecho tus ojos”, es igual de efectiva y nos deja apreciar la historia (o historias) que se nos presenta con el correr de los minutos. Es cierto que todo ronda alrededor del meteorito “El Chaco” y sus interesados; pero nadie puede dejar de admitir que si otro hubiese contado esta historia, no sería lo mismo.

Seamos coherentes. Al ser humano siempre la ha interesado el espacio, las estrellas, la vía láctea, los planetas, las constelaciones…los meteoritos. Todo muy divertido, todo muy ostentoso pero, ¿puede un documental sobre meteoritos mantenernos 76 minutos sentado? Les pedí que sean coherentes. Ahora les pido que seamos sinceros. Repito: ¿Puede un documental sobre meteoritos mantenernos 76 minutos sentado? Me corrijo: ¿Puede un documental sobre meteoritos en Chaco mantenernos 76 minutos sentado? Agrego: ¿Puede un documental sobre meteoritos en Chaco mantenernos un martes a las cinco y veinticinco de la tarde 76 minutos sentado? Finalizo: ¿Puede, un documental sobre meteoritos en Chaco, mantenernos un martes a las cinco y veinticinco de la tarde, horario en que podría estar merendando algo rico (y caro) en un barcito de Recoleta, 76 minutos sentado? ¿Puede? Sí, puede. Un documental de Wolf puede. Aunque no para todos. Seguramente, dichos compañeros de la FUC que nombra Lautaro (de los cuales yo también padezco) la abandonarían a los veinte minutos o se quedarían hasta el final, imposibilitados de abandonar sus caretas por un rato, y comentando algo al pasar; algo como ‘Está buena. Cumple.’, ‘No me la esperaba tan así, osea, zafa.’ El grupo de amigos que después de cenar en un lugar de comidas rápidas quiere mirar una peliculita, ‘a ver que onda’… difícilmente la pueda apreciar. ¿Por qué? Porque es mucho más; mucho más que cualquier película que podemos encontrar en la cartelera del shopping el fin de semana. Porque Wolf nos enseña que la realidad puede ser fantástica, que la realidad, según cómo se la vea, nos puede asombrar cada segundo. Porque el haber entrado 76 minutos a una sala puede significar otra cosa más que ‘Está buena’. Porque al salir, en silencio, podemos recapacitar y darnos cuenta que lo que nos rodea no es lo mismo. Puede parecer exagerado, sí; y reconozco que lo es un poco. La heladera será la misma, el puesto de diario de la esquina será el mismo y la promotora del local de ropa deportiva tendrá las mismas calzas de siempre. Ahora: a partir de ese momento; y si no lo sabían antes, comprenderemos que la realidad está frente a nuestro ojos. Realidad que es atractiva, realidad que no es cotidiana, realidad que nos sorprende, realidad infinita… realidad que nosotros, futuros cineastas, debemos mostrar y; si algún día tenemos la habilidad de Wolf, se la mostraremos de esa manera, esa manera que parece un relato de Sherlock Holmes donde todo puede pasar, donde todo es increíble pero; a diferencia del personaje de Conan Doyle, esto es real; esto lo vemos o podemos verlo día a día; este, nuestro país, tiene esa magia, sigue teniendo esa magia; en cada rincón, en cada lugar sea campo o ciudad; sólo importa cómo lo veamos y cómo lo transmitamos. Eso es lo importante. Lautaro lo dice en su crítica: ‘Por eso no importa el qué’ y, si bien lo dejó en claro, yo agrego: Importa el cómo.

Ciertamente seguir hablando de la película es entrar en un análisis que no me interesa, un análisis que sería un fracaso pero, para satisfacer a quien lo quiera; le ofrezco un resumen medio absurdo pero que puede servirles:
Wolf nos introduce en la historia del meteorito “El Chaco” mediante la cita de cierta leyenda del lugar y un video realizado por pobladores de la zona. A través del meteorito “El Chaco” se nos presenta al investigador Bill Cassidy (definido por el organizador del BAFICI como ‘un Batman’) quien realizó un pozo gigante para poder dar con dicho meteorito. Al mismo tiempo, se nos presenta a Robert Haag (definido como ‘el Guasón’) quien quiso robar “El Chaco” pero falló, aunque estuvo cerca de cumplir su objetivo. Ambos personajes nos hacen debatirnos sobre la vocación (el párrafo de Lautaro no podría haber sido tan claro), el dinero y, como estudiante de cine pienso; no nos resultaría raro encontrar en la industria tales contra caras.

Al avanzar, no sabemos como puede terminar todo aquello, sólo queremos ver y escuchar a todos los que nos puedan brindar más información de lo sucedido. Cada entrevista y cada video nos alimentan nuestras ganas de querer seguir sabiendo y nuestro deseo que ello no termine. Ejemplo claro, y sucedido en la proyección a la cual asistí, fue el silencio atroz posterior a cierta imagen acompañada por la voz en off, que prosiguió con un fundido a negro. Silencio. Silencio y negro. Nada. Ni un suspiro. Todos esperando algo más. Todos, absolutamente todos queríamos más. No porque no nos haya bastado; sino porque no queríamos que termine. Luego: los créditos. Silencio en la sala. Finalizan los créditos. Luces encendidas (flaco, la peli terminó); aplausos. Wolf aparece para responder preguntas. Más aplausos.

Es en este punto donde pienso que empecé a escribir con el objetivo de realizar una crítica de la película. Es en este punto donde me doy cuenta que, si bien creo haber desarrollado alguna idea de la película, surgieron cosas en el medio que tenía muchas ganas de expresar. Es en este punto donde, quien esté leyendo, puede darse cuenta que podría haber escrito algo sobre la peli en un par de renglones; como de paso. Es en este punto donde debe darse cuenta, quien esté leyendo, que la longitud de esta ‘crítica’, por más o menos coherente o adulta o madura sea; dicha longitud debe entenderse como lo que generó la película. Entonces, viendo que esto es bastante extenso, creo y no me equivoco que la película genera muchas cosas.

En fin, para terminar quisiera plantear un tema interesante. Tema que podría relacionar con la película y volver a servirme de ella para demostrárselos, pero me parecería abusar, tanto de ella como de quien esté leyendo que, muy probablemente, no le interesen mis problemáticas personales relacionadas con el cine. ¿Por qué “Yo no se que me han hecho tus ojos” no puede apreciarla todo el mundo? ¿Por qué “El color que cayó del cielo” no puede apreciarla todo el mundo? Por qué; si le digo a algún careta de la FUC, ¿qué te pareció la de Wolf?, puede contestarme con desgano, y si le preguntó por la de Los Vengadores empieza a relatarme con entusiasmo cada escena, cada plano; como si fuese un análisis de Bazin. En cuanto a esto, prefiero por el momento despedirme con una frase de Sergio Wolf, sacada de una entrevista que le realizaron: si se enseña a ver, no importa lo que miren o el formato en que fue hecha la película.

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1 Comment

  1. Estoy interesada en realizar el curso.. “analisis de peliculas”con el prof. sergio Wolf que pienso que iniciara en el año 2.015.Como no tengo el mail para comunicarme con el dejo mis datos… A la espera de respuesta.
    gracias
    Alicia Iofrida

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