#BAFICI 6: el escarabajo de oro

(Otro amigo que se suma al blog. No pierdo la esperanza de llegar a la decena de notas sobre el BAFICI.)

Por Elías Giumelli

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Cuando estábamos en la sala esperando al comienzo de la película dije “si hay que hacer una crítica, hay que empezar desde este momento”. Y aunque llamar a esto crítica sería faltar a la verdad, desde ese momento es de donde comenzaré este comentario sobre “El escarabajo de oro” de Alejo Moguillansky. Y es porque a medida que llegaba la gente se producía una yapa para lo que era el espectáculo principal, la llegada y reacción de los protagonistas/realizadores de la película(y los defino así porque son indiscernibles los conceptos en este caso, ya volveré a esto), a medida que llegan y se encuentran se producen abrazos, risas, bromas, cargadas, juegos y demás. Son niños, son amigos que después de las vacaciones se encuentran otra vez en la escuela y el reencuentro les produce alegría, aunque nunca dejaran de verse durante las vacaciones, pero el ámbito es distinto. Y todo ello contagiaba a quienes estábamos en esa sala, nuestra expectativa crecía y el ansía por ver la película nos hacía odiar la proyección de apertura del festival, Macri, las propagandas y Piñeyro jugando al bowling.

Y la película no es diferente a ese encuentro de amigos. A lo largo de ella vemos como juegan los protagonistas/realizadores, definición debido a que la división del trabajo no funciona en la película. Ni en la película ni en ellos. Voy a tratar de comentar el porque. Si El Pampero Cine se caracteriza por algo, es por su autonomía, autogestión y autoabastecimiento(si, todos autos), evasores del INCAA, trabajan siempre con los mismos amigos, y quienes actúan muchas veces son quienes iluminan, quienes cargan los equipos o quienes empujan el auto. Por eso, los mismos detrás de cámara son los mismos que están delante de ella. Porque alguien que viera “El escarabajo…” sin haber visto otra película del Pampero, podría decir que es una película sobre un grupo de amigos que utilizan de pantalla la realización de un film para buscar un tesoro, pero no, tampoco es una película sobre la realización cinematográfica, sino que es una película(llena de chistes internos que la mayoría no registraremos) que entre otras cosas nos muestra como El Pampero hace cine. Con amigos y pasión, acá no existe la frialdad de la jerarquía que propone la industria cinematográfica propiamente dicha, no existe el trato empleado-empleador, ni la idea de que cada uno se dedique a su oficio y que los demás revienten. No, como D’artagnan, todos para uno y uno para todos, como niños jugando a los mosqueteros.

Y son niños de principio a fin, porque los niños juegan, se divierten, se pelean, se amigan, se ponen tristes y se alegran, mienten pero también revelan grandes verdades . Y este grupo de amigos hace todo eso. Como Victoria Benedicsson dice bien, son niños jugando al tesoro, desde el comienzo tratan de dar con él, encontrarlo, y así engañan a los productores extranjeros, se ocultan entre sí el motivo de la farsa de la película, se tejen alianzas, se pelean, se amigan, juegan entre ellos retardando la búsqueda. Uno no podría adivinar que escenas son las propias de la película y cuales son filmadas en los descansos entre plano y plano. Y entre juego y juego se dicen verdades, algunas veces verdades graciosas, otras veces llegan a dar miedo. No por nada, aparecen los tres discursos que da Spregelburd dispersos al comienzo, en el medio y al final de la película. Y los tres en relación al arte y al cine. Como niños, eligen a su vocero, y armado de valor, nos da un regaño, un lamento y una despedida. Primero se permite burlarse, chicanear y sermonear a la mirada extranjera sobre nuestro cine. Luego, se resigna, se llena de bronca, declara la derrota y lanza una crítica del destino al que está signado todo cineasta argentino, y por qué no, todo artista argentino. Por último, y siendo un escrito de Alem(no importa quién lo haya hecho, ya que la transposición es perfecta), se nos dan las intenciones de Moguillansky de cara al futuro con respecto a la realización cinematográfica, “que se rompa pero que no se doble”, antes dejar de hacer películas que ir al INCAA.

La película es una obra genialmente construida, que merece de un analista más ducho para profundizar más y mejor en ella. Tomando mi posición de humilde espectador, me fui maravillado por los juegos narrativos, el humor demente que se pone en escena, la perfecta musicalización de Gabriel Chwojnik a lo largo de la película, las actuaciones de Spregelburd y Jakob(por nombrar solo a los dos que sobresalen), Hugo Santiago(si, él mismo), el feminismo de “la sueca”, las perfectas dosis de los textos de Poe y Stevenson. Maravillado como un niño. Porque cuando salimos de la sala, fuimos todos niños, otra vez.

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