#BAFICI 7: 3x3D

Empecemos por lo fácil: el corto de Greenaway es un cero absoluto. Basado en una cámara que está paseando cual turista chino en grupo con un guía que le va contando, pasa por todos los lugares comunes. Hay texto en pantalla puesto, a veces, de maneras originales, fundamentado principalmente en el recurso del 3D. Pero la idea de historia que tiene Greenaway no se sostiene por ningún lado: asistimos a un recorrido que podría decirse histórico, sin la sensación de conexión entre épocas (cosa que podría ser interesante) a causa principalmente por el vértigo que asume el corto.

Luego viene Edgar Pêra (¡¿quién?!). Si el de Greenaway iba rápido, este es peor. Enturbiar las aguas, le dicen. El corto va catalogándo tipos de espectadores a lo largo de la historia del cine, parodiando la evolución del ser humano, que llega hasta el Homo Sapiens Sapiens. Abusando del videoclip, de las frases ganchera/cancheras, y musicalizado de manera altisonante, resulta díficil retener una idea. Se suceden algunos pocos momentos en los que parece hablarse de cine, como cuando me pareció que estaban remitiendo a un famoso texto de Bazin (La evolución del lenguaje cinematográfico), pero nunca desde la puesta en escena, más bien desde el discurso verbal.

Ahora viene lo díficil: Le trois desastres, el corto de Godard. Es díficil hablar de (o incluso ver) su obra porque la sensación que da es que siempre hay alguna referencia política o literaria que tiende a redefinir el sentido del film. Incluso es casi imposible reconocer todas las citas cinematográficas ya presentes desde los ’60, desde la nouvelle vague. Me sincero: no vi las Histoire(s) du cinema, que dicen los que saben es capital en todo su trabajo y que sus películas desde esa hasta la actualidad son deudoras de ese estilo, de la época del VHS.

Pero entonces ¿porqué hablaré impunemente de su corto? Porque creo que Godard lo que hizo a lo largo de su carrera (entre otras cosas) es redefinir el concepto de entender. El conocimiento no está sólo en los libros sino que un film puede ser un instrumento para una comprensión mejor del mundo o para descubrir algo que permanecía oculto. Y para generar sensaciones más bien no-verbales, como las que busca Jean-Luc. Las disgresiones o respuestas entre sonido e imagen, los textos en off, el texto en pantalla y tantos otros procedimientos (¡filmar el guión de una película que ya había filmado!) tienen esa búsqueda: el conocimiento. Pero no desde la perspectiva académica, sino sensorial. Que las ideas no surjan sólo de un lado de la pantalla sino que los espectadores sean los que las completen: por eso la cámara 3D (las dos cámaras para ser exactos) nos mira, nos interpela.

Con pequeñas metáforas inolvidables (como el del edificio demolido) Godard habla de la digitalización y del cine, con planos de todos lados, de películas anteriores a la aparición del sonoro hasta películas porno de esta década. Godard hace fundidos magistrales: el plano del piano y el barco justifica por sí solo los otros sesenta minutos de film. Godard filma (y habla) de manera grave: parece vislumbrar un futuro no tan bueno para el cine –“el digital será dictadura” dice, entendiendo que otra será la relación ontológica del cine con la realidad-. Godard, sobre todas las cosas, sigue siendo libre y vital.

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