las guerras del cine, de Jonathan Rosembaun

No me deja de sorprender la elegancia con la que Jonathan Rosenbaum escribe, considerando lo contracultural de sus argumentos. Debe pensar –supongo- que la tarea de la crítica también debe ser la de la divulgación y no sólo el análisis. Tampoco es poca cosa, ya que en el contexto que describe (EEUU a comienzos del milenio) parece ser urgentemente necesario. Rosenbaum escribe en un país donde no se leen subtítulos ni se ve cine extranjero. Qué afortunado se siente uno al vivir en un lugar donde se pueden ver films de cualquier procedencia, no sólo de Hollywood, y con una cinematografía local que es constante y de buena calidad (¡vean Los Dueños antes de que muera en el Gaumont!).

Es extraña la prosa de Rosenbaum: es bastante distanciada a pesar de que todo esté narrado en primera persona, llegando incluso a aclarar sin complicaciones que se fumó un porro antes de entrar a la sala. Pero no es personal al estilo El Amante, cuyos críticos impunemente comparan al policía que les hizo la multa ayer con algún personaje que les haya caído mal en la película. O se pasan cuatro párrafos sin hablar de nada en particular. Rosenbaum, con un estilo más periodístico, cuenta argumentos y desliza opiniones. No debe ser fácil, pero es lógico, considerando las influencias que cita en este libro.

Este mundo casi de fantasía que describe, en el que Harry Weinstein baja o sube el pulgar indiscriminadamente a cualquier película que se le antoje, en el que el público es más ávido que la crítica, en el que Kevin Smith (qué decepción) cuenta que no ve cine extranjero porque en realidad lo está viendo indirectamente viendo a Jarmusch, es una invitación a que tomemos la protesta de Rosenbaum y la hagamos nuestra. Y si bien es verdad que Internet ha cambiado radicalmente el panorama de acceso al cine, lo que parece no haber cambiado son las inquietudes del público masivo (concepto que este libro redefine totalmente).

Rosenbaum –bah, no sé si sólo él- tiene la opinión casi revolucionaria de que el mito de la opinión pública es una mentira. De que a las grandes masas no les gustan naturalmente las películas de Michael Bay, sino que a esas son las únicas a las que tienen real acceso. Veremos. De todas maneras, es bastante liberador para quienes escribimos sobre cine: ya es ingenua la idea de que estamos predestinados a escribir para un nicho por la puta suerte de que nos gusta Antonioni. (Es bastante burdo y simplista comparar a Antonioni con Michael Bay –como hago en esta nota, de la cual me arrepiento un poco- pero se entiende lo que quiero decir). Voy a transcribir unos párrafos geniales del libro, de diferentes capítulos. El libro se consigue en Mercado Libre a cien pesos, o con un comentario en este post se hacen acreedores de un préstamo de mi propio ejemplar subrayado, con envío incluído.

“[…]En el caso del complejo industrial-militar de Estados Unidos –que estaba estableciéndose durante el mismo periodo, justificado por el miedo ante la usurpadora comunista-, uno podría imaginar que una vez evaporado el miedo o muerto de viejo, el masivo presupuesto militar que había consumido numerosos recursos del país podría reencauzarse y utilizarse para los tiempos de paz. El hecho de que esto no haya ocurrido ni vaya a ocurrir parece tan inmodificable como el mito de la opinión pública, sin importar si alguno de esos razonamientos puede defenderse o no, porque hay demasiados intereses creados en mantener estos sistemas en su lugar.

Dichos intereses se sustentan en una serie de mitos complementarios, principalmente la preservación y proteccióndel “mundo libre” para justificar el complejo militar-industrial, y “darle al público lo que quiere” para justificar lo que podría denominarse el complejo mediático-industrial. Y siguiendo a Noam Chomsky cuando cuestiona critica qué queremos decir –y lo que muchas veces no queremos decir- cuando hablamos del “mundo libre”, me gustaría hablar sobre que qué queremos y qué no queremos decir cuando hablamos de “darle al público lo que quiere” en relación a las películas.

[…]no estoy en condiciones de afirmar si el público tiene o no razón acerca de nada. En rigor de verdad, el público es tantas cosas, todas ellas yuxtapuestas y en su mayoría escasamente conocidas, que asignarle una etiqueta a priori significa excluirlo de la discusión, que es lo que suelen hacer las investigaciones de mercado. Mi desafío, entonces, se plantea como una antítesis hegeliana a una tesis (“el público tiene la culpa”) que ha gobernado el mundo del cine con efectos desastrosos durante demasiado tiempo; esperemos que de la síntesis pueda surgir un acercamiento más mesurado hacia algo que nadie –y menos aún los investigadores de mercado- conoce demasiado. Y una ventaja adicionada de mi antítesis es que abre posibilidades respecto de lo que podríamos ser las películas y el público. La tesis predominante sólo puede cerrarles las puertas, ratificando políticas que ya han deteriorado la mayor parte de la cultura cinematográfica norteamericana.”

“En otras palabras, se espera que los críticos de cine de Estados Unidos brinden cierto alivio a los espectadores asegurándoles que lo que está disponible en su multicine local o en su videoclub es todo lo que vale la pena ver. Si esos críticos reflexionaran acerca de películas que no están disponibles en esos mercados, sus reseñas no podrían aparecer en publicaciones masivas; así que, a menos que quieran sentirse frustrados con su trabajo, deben aceptar las elecciones que los grandes distribuidores hacen por ellos. En estas circunstancias, asignarle una relevancia central a alguien como Godard solamente puede resultar irritante y elitista, y es importante subrayar que este prejuicio no es nada nuevo: para la industria, Godard ha sido un portavoz marginal desde los 60, a pesar de que gran parte de sus ideas críticas y cinematográficas han entrado periódicamente al mainstream de una forma simplificada o tergiversada”

“[…] El fallecido Serge Daney entendió este fenómeno perfectamente –y dejó en claro que estaba lejos de ser exclusivamente norteamericano- cuando señaló que los medios “les piden a aquellos que no saben nada que representen la ignorancia del público y que, al hacerlo, la legitimen.”

Anuncios

2 pensamientos en “las guerras del cine, de Jonathan Rosembaun

  1. Me pregunto qué pasaría si de niños nos expusieran más a películas de Antonioni y menos a películas de Michael Bay, más a libros de Samuel Beckett y menos a Crepúsculo et al. Probablemente, conjeturo, ciertas películas que hoy nos parecen “lentas”, “aburridas”, donde “no pasa nada”, dejarían de serlo, (nos) pasaría de todo. Y tendríamos más chances de ser un poco menos estúpidos y, por lo tanto, un poco menos prejuiciosos, un poco menos malditos con los demás. Aunque no es garantía de nada, no puedo evitar ponerme un poco sarmientino (y un poco en contra de Alberdi): cuando una persona aprende a leer mejora hasta su higiene personal. Y no es lo mismo el humor absurdo de Monty Python que el burlón de Videomatch, la literatura de autoayuda (“cuando te propones algo el universo entero conspira para que lo logres”) que la filosofía auténtica.
    Eze.

    • Es verdad. No todo da igual: a veces uno se siente sólo, un poco pedaleando en el aire tratando de combatir contra la medianía general en el arte (o más bien, industria cultural). Como bien decís, la calidad de vida es sustancialmente mejor si se puede disfrutar de Antonioni. Habría que ver si es cuestión de voluntad o si es , como dice Rosenbaum, de acceso. Pero de todas maneras me parece que con Internet se acabaron las excusas. Y también habría que pensarlo en Argentina, si las políticas “inclusivas” culturales suponen un salto cuantitativo o (lo más deseable) cualitativo. En fin, si nos metemos en ese terreno ya es otra cosa.
      Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s