sobre Viola, un año tarde

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Existe un estudio de no-sé-qué-universidad-yanqui que demostró que de toda la información que uno transmite consciente o inconscientemente en una charla, sólo el 7% es lo que decimos. No es nada comparado con nuestros gestos, el tono de voz, los movimientos de la mano, las miradas o ese tipo de cosas que las mujeres pareciera ser que entieden muchísimo más que los hombres. La experiencia, lo jugoso, está en lo no-verbal. Pero, entonces, ¿qué hacemos con Viola, que es una película en la que los personajes se la pasan citando a Shakespeare?. Los textos se repiten como cíclicos, pero la narración avanza. Estas chicas hacen suyo el texto para decir lo que quieren, incluso diciendo lo mismo. Cambian los tonos, incluso lo argentinizan. Los movimientos y sus miradas (es decir, lo cinematográfico) es lo que rige en este film. No, me corrijo, “rige” es no es un verbo que se pueda usar porque Viola se la pasa sugiriendo y no permite que algún procedimiento formal la encapsule. Y por eso no es teatro filmado: hay recorridos, hay espacios, hay distancias. Hay juegos de miradas, contra campos y fuera de campo. Hay elipsis, coreografías y distintos planos sonoros. De todo eso de más se provee Piñeiro para alivianar la película y alejarse de cualquier peligro de que ésta sea una película de tesis.

Alan Pauls, por motivo del estreno en I-Sat de la película, lo que me permitió verla y pensarla, decía -entre tantas otras cosas- que Viola era felizmente leve. Se abstrae de cualquier referencia socio-histórica (y ahí, si dejamos que salga el enano semiólogo marxista de nuestro interior, podemos decir que eso no es inocente políticamente: pareciera ser un chiste que al final de la película los personajes y el director no le den lugar a esa persona que pasa pidiendo ropa, dejándolo afuera de la posibilidad del juego de las representaciones que más adelante explicaré) e incluso las indiciaciones de los personajes acerca de las calles no hacen más que enfatizar el caracter de ensueño que sobrevuela la película: no hay ningún rastro de costumbrismo, es obvio decirlo. Viola transcurre con una luz y un clima muy extraños. Los ambientes interiores no lo son tanto, o al menos no están iluminados como tales. Y es notable como la escena que transcurre en el auto en la que apartir de dos o tres elementos crea una situación casi abstracta, de ensayo, en la que se aproxima al concepto de ficción de una manera novedosa. No deja de flotar nunca -ejemplo de esto son los créditos- una actitud lúdica por parte de los personajes pero también de la puesta en escena que los contiene. La película se compone de retazos de otras películas que podrían haber sido, de ensayos sobre ideas literarias o cinematográficas, con una muy leve cohesión. Eso, también, diluye la fuerza enunciativa de la película, pero aporta una descontractura que es un mensaje y un mérito en sí mismo. Es que, como dice Raúl Ruiz (del cual no vi ninguna película pero déjenme citarlo), “todas las películas están sin terminar, excepto, probablemente, las de Bresson”.

Todos los diálogos, es verdad, son intertextuales con la obra de Shakespeare y eso supone una red de saberes anteriores que nos permitan una mejor comprensión del contexto y de la situación.  No soy un experto y siento que me perdí un montón de cosas, pero hay algo más universal que está al alcance de todos: la musicalidad de los diálogos, la fluidez y los juegos de palabras, es decir, la frescura del lenguaje -un poco aggiornado- de Shakespeare. Se filtra no sólo en los ensayos sino en la vida misma, haciendo que la representación, es decir, la copia, es decir, el arte, genere cambios cualitativos en la vida de estas chicas. Representaciones abajo y arriba del escenario.

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7 Comments

  1. ““todas las películas están sin terminar, excepto, probablemente, las de Bresson”: la cita de Ruiz es maravillosa y además cierta. Bien vale un post o un centenar de posts.
    Viola… la dejamos ahí?

    1. Puedo imaginar tus críticas: una peli anti política militante, sarmientina, elitista. Se refugian en Shakespeare evitando el contacto realidad. Va por ahí? Si es por eso, estoy de acuerdo, pero no me impidió el disfrute, que fue mucho, porque formalmente es impecable.

      1. Bueno, no tanto: no que sea antipollítica y sarmientina (lo cual sería contradictorio). Elitista tampoco, nunca se me ocurrió decir eso de una película… Casi te podría garantizar que nunca en 3373 entradas le reproché a una película que sea elitista, que tampoco sé muy bien que significaría… pero por alguna extraña razón hay quienes creen que yo puedo decirle a una película “elitista”…
        Mirá: yo escribí un post sobre viola y Rosalinda, donde digo esto:

        “No encontré nada en ellas que tenga que ver con el juego propiamente dicho, ni con la contingencia, ni el azar ni la frontera entre la realidad y la ficción. Se trata de películas de un manierismo tan recocido, de un grado tan extremo de cálculo y afectación, tan apoyadas en la busca del efecto, tan enfáticas en la pretensión del guiño lúdico, que hace imposible, precisamente por eso, toda posibilidad de azar, juego, incertidumbre, etc.

        Cuando se juega, no hace falta estar remarcando todo el tiempo que se está jugando, dado que el juego requiere una gratuidad y una entrega que se despreocupa por lo que aparece. El juego es una forma del abandono. Y si hay algo que nunca sucede en las películas de Piñeiro es la despreocupación del juego. Cada segundo de sus películas responde a un programa clausurado. Una estética tan programática, en su voluntad de remachar con insistencia que se trata asuntos ligeros, azarosos, juveniles y gratuitos, logra tapar todas las hendijas por las que se pudiera colar un soplo de realidad. Estética del claustro, verdaderamente agorafóbica. ”
        (Es más largo, se llama

        Matías Piñeiro, un invento argentino
        Viola, Rosalinda y el embole infinito

        y está completo acá: http://tallerlaotra.blogspot.com.ar/2013/08/matias-pineiro-un-invento-argentino.html)
        saluts

      2. Es verdad que es contradictorio y ¡yo sí creo que es elitista! El juego (que acertadamente vos decís que implica cierto grado de abandono y gratuidad, que esta película no lo tiene) de las representaciones que se ven en la película y que ocurren en esa ciudad confusamente descripta -que no está abierta a la “realidad”, cómo vos decís. Viola es casi un film de ensayo, planificado, sin ningún tipo de registro documental-, se circunscriben a la alta cultura (Shakespeare) y a la “alta sociedad” (de donde provienen y como actúan los personajes) . Es decir, el arte (pareciera plantear esta película) sólo puede modificar cualitativamente la vida de las personas con esas salvedades planteadas: vivir en Palermo y saber a Shakespeare. Lo lúdico, me parece, está en cómo asumen esa posición casi con orgullo y felicidad, concientes de la crítica que les estoy haciendo y cagándose en ella: me cae simpático. No sé si te referís a esa actitud cuando hablás de agorafobia o claustro, pero se relaciona, porque la situación en la que podría colarse lo “real” (una persona, fuera de cuadro, pasa pidiendo ropa, y le dicen que no, sacándoselo de encima) es ignorada por los personajes.

  2. Sí, esa escena sería un indicio. Igual a mí no me molestaría que muestre un mundo aristocrático y enclaustrado. Lo que no veo es la actitud lúdica del director. Hace cine de qualité. A mí me aburre. Y los críticos que dicen todas esas boludeces sobre el mundo femenino y la levedad, me dejan perplejos. No hay levedad sino una atadura a un método sin resquicios. Pero bueh…

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