de qué hablamos cuando hablamos de realismo

Hay que discutir el cine, hay que pelearse, hay que tener puntos de vista diferentes, hay que ser escéptico, hay que darse manija y después darse cuenta que no era para tanto. No me preocupa tanto equivocarme, sí me preocupa no pensar.

Hay un problema (quizás el único y el central, demasiado amplio) en el cine que es, como siempre, su relación con la realidad. Me explico mejor. Me encontré varias veces con películas horribles (en lo estético o en lo ideológico o quizás simplemente mal hechas) en las cuales yo sentía que ahí todo estaba mal. Estaba seguro de eso. No podía encontrar ningún mérito en películas como (cito películas random a las cuales el tiempo se ocupó de ponerlas en su lugar) Amores perros, Luna de Avellaneda o La historia oficial. Todas tienen su disonancia que las hace, de alguna manera, reaccionarias. Poner a un morochito en primer plano, mover la cámara pretendiendo realismo, o legitimando la inocencia de una clase de una manera igual de inocente y necia. A lo que voy es que en discusiones siempre tenía algún interlocutor que me decía: “es que las cosas son así”. “No sabíamos que chupaban gente, en la crisis de 2001 todos tratábamos de rebuscárnosla, la gente habla así”. A lo cual yo me quedo sin argumentos, porque me la paso defendiendo el realismo baziniano-humanista que implica que las cosas están ahí, y que alcanza con filmarlas. Creo que las películas pueden restituirse al mundo como parte de él, orgánicamente. Yo digo “no es inocente”, me contestan “ya sé”. “Es fácil poner a los personajes en situaciones de mierda y que no tengan bajezas morales” digo. “Esa gente existe” me dicen.

El problema radica en que no sé cómo defender mi posición. Es un llamado de ayuda, si quieren, para ganar discusiones. Puedo que entender que exista gente que repita sus argumentos un centenar de veces (los viejos, por ejemplo). Pero si ese recurso está usado en una película, puedo interpretar (¡déjenme!) que hay pereza del guionista. Mi abuelo siempre dice las mismas cosas y existe, por lo cual es plausible ponerlo en una película. Y eso, ¿haría más real mi película? Porque existir, existen cosas, combinaciones causa-consecuencia que serían bastante inverosímiles para cualquier guionista.

Recuerdo mi fascinación ante Chasing Amy, de Kevin Smith. Es una película muy menor, muy poética, muy yanqui, que me ayuda a aclarar el concepto. El principal conflicto es que el pibe se entera que la piba hizo un trío anteriormente. Eso. Y al enterarse, cambia radicalmente su mirada sobre ella, piensa en lo que pensarán de él y ese tipo de cosas: no es políticamente correcto. Entonces, la arbitrariedad de su conflicto guionado es lo que lo acerca a lo real. Quiero decir, tampoco hay rastros documentales en Girls, la serie de Lena Dunham y Appatow, dudo que esa ciudad descripta exista (tampoco importa mucho), pero ciertas cosas inexplicables –porque realmente no existe, y no porque el guionista se la está guardando para causar algún efecto posteriormente- tienen ese rasgo arbitrario que creo esencial para crear la situación ya no tanto de verosimilitud sino esa compleja y frágil, muy frágil, sensación de que se le está hablando a uno. En ella se conjugan lo particular, el buen gusto –o gusto parecido, en realidad-, contemporaneidad, y un lenguaje en común.

Este tipo de preguntas deberíamos hacernos todos, espectadores, críticos, realizadores. Bah, mucha gente ya la tendrá resuelta, espero que me diga cómo. Es una cuestión bastante elemental, que sin embargo no tengo en claro. De todas maneras tengo una certeza: que ya sea un ejercicio formalista en interiores o un documental rabiosamente desprolijo –y no a propósito-, es decir, una película que no crea en su relación con lo real y que por eso desdibuje todos sus lazos con lo cotidiano y asuma su artificialidad (Cronenberg, Korine, Sokurov, las primeras películas de Loza) o una película que crea que las cosas están ahí y alcanza con filmarlas (el primer Caetano, Rossellini, Jean Rouch), todas deberían guardar relación con lo humano –aunque se crea que con tener alguna persona en plano ya alcance, no es así- e indagar sobre su condición.

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5 Comments

  1. Cuando te dicen “Esa gente existe”, no se pone en juego ninguna cuestión realista, sino el más craso sentido común. En todo caso, esa apelación a un saber impersonal y consensuado pone en acción el costumbrismo, que apela a los lugares comunes que circulan acerca de la “gente”. El realismo cinematográfico es exactamente lo contrario, no una convención del guión que nos remite a “gente que existe”, sino el registro involuntario de una conexión que escapa a nuestra voluntad de filmar. Bresson tiene palabras muy lindas y muy justas cuando habla del aparato cinematográfico como un ojo desprovisto de intencionalidad y de inteligencia, que hace aparecer algo que el cineasta no esperaba y que no puede convocar, sino que irrumpe. Cuando eso aparece, hay que dejarlo, diría la ética del realismo cinematográfico. En cambio las producciones de Polka estan llenas de “gente” que “existe” y definitivamente lejos de lo real.

    Igual, tanto énfasis con el realismo baziniano no debe hacernos olvidar de otro elemento fundante del cine: la alucinación, la proyección del ojo del espectador sobre una pantalla que no contiene lo que el ojo ve. Real + alucinación es la ecuación completa del cine. Algo que el costumbrismo de la “gente” que todos conocemos jamás alcanzará.

    1. Estuve confundiendo realismo con costumbrismo, debería llamarse de otra manera el post. Pero de todas maneras, ¿el realismo sólo tiene que ver con lo improvisto? ¿lo improvisto en la interpretación del espectador o de lo que sucede en el rodaje?
      Estoy de acuerdo con lo de la alucinación: estuve viendo a Douglas Sirk, a Fassbinder, ciertos melodramas argentinos que en su exceso – ya bastante moderno– son artificiales a más no poder (filmados en estudios) que son geniales, aparte de increíblemente cinematográficos. Eso quise decir en el último párrafo, que ya sea desde un lado (el realismo documentalista de lo imprevisto) o desde el otro (la alucinación), lo que nunca habría que dejar de hacer es buscar la “humanidad”, es decir, siempre esquivar el costumbrismo o lo que “la gente” dice. Con respecto a eso, ¿está buena la serie de S. Loza en la tv pública? debe tener mucho que ver con lo que decimos

      1. El realismo tiene que ver con el registro de lo involuntario, lo no manipulable, lo que escapa a la intención del autor. Al menos en el cine. Todo cine tiene su momento realista, en tanto siempre hay algo que la cámara capta que no está sujeto a la voluntad. Después en el momento del montaje el autor puede dejar que eso se manifieste o segmentarlo, manipularlo, trastocarlo…
        Algunas notas de Bresson:
        “Filmación. Colocarse en un estado de ignorancia y de curiosidad intensas, y no obstante ver las cosas antes.”

        “No filmar para ilustrar una tesis o para mostrar a hombres o mujeres limitados a su aspecto externo, sino para descubrir la materia de la que están hechos. Alcanzar ese “corazón” que no se deja atrapar ni por la poesía, ni por la filosofía, ni por la dramaturgia.”

        “No hay que buscar, hay que esperar.”

        Lo real llegado a la mente ya no es real. Nuestro ojo demasiado pensante, demasiado inteligente.

        Dos clases de realidad. 1. Lo real en bruto registrado tal cual por la cámara; 2. Lo que llamamos real y que vemos deformado por nuestra memoria y por falsos cálculos
        Problema. Hacer ver lo que ves, por intermedio de una máquina que no lo ve como tú lo ves.

        Una imagen demasiado esperada (cliché) nunca parecerá justa, incluso si lo es.

        Lo que ningún ojo humano es capaz de atrapar, lo que ningún lápiz, pincel o pluma es capaz de fijar, tu cámara lo atrapa sin saber qué es y lo fija con la escrupulosa indiferencia de una máquina.

        [Fin de la cita]: Creo que es Bresson quien mejor expresa el peso de lo real en el cine (me refiero a sus notas sobre el cinematoógrafo). Ahora, como decíamos antes, hay otro elemento que tiene el cine y es la alucinación….

  2. Ah! la serie de Loza es excelente! Ahora es muy dificil de catalogar como cine. Es más bien “teleteatro”. Tele + teatro. En Loza hay además un trabajo con el texto en su deliberada artificialidad, contaminado de diversas fuentes: la poesía, lo kitsch, lo coloquial, el lugar común tomado irónicamente, la coexistencia de lo ridículo y lo trágico, el misticismo… Es algo muy complejo y difícil de decodificar lo que hace Loza en Doce Casas. Hay una evocación a la ficción televisiva Pre Polka y mucha experimentación. Yo creo que, sin conocer demasiado la obra teatral de Loza, Doce casas es hasta ahora su producto más logrado.

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