dos avisos parroquiales

(No estoy teniendo tiempo para escribir, así que les dejo una petición y un playlist)

1) Mi generación, la mía o todas -pero a esas no las conozco tanto-, tiene una habilidad para encontrar reglas inherentes a cada plataforma, internalizarlas y crear así una serie de sobreentendidos sobre que es lo que debe o no hacerse. Es decir, se establece lo que es el buen gusto. Por supuesto, cada grupo de pertenencia -social, cultural, económico- tiene sus propios estándares: está la gente más bien común, que estudia en la UBA carreras aburridas y se viste relativamente normal, están los rochos, están las chetitas de pelo largo y mechas teñidas poniendo deditos en V y sacando boquita, están las putas, están los trabas, están las chicas lindas Palermo que andan en bicicleta y escuchan a Aristimuño. Todos y todas estamos aquí, sin un inicio que nos aglutine, medio desatomizados.

Algo que nivela a todos los grupos es la belleza (o la falta de ella). He visto en Tinder abdómenes tan lisos y perfectos que podría cenar en ellos y el plato no temblaría ni un poco. Vi piernas interminables que -posta- brillaban. También vi millones de tatuajes en cursiva en los antebrazos, corazoncitos, frases al estilo live love laugh o carpe diem. Piercings en lugares donde no tendrían que ir. Vi, en síntesis, todo lo que tiene de 18 a 22 años, a 160 km. de mí, en la viña del señor.

Este es un sitio, al final, de solos y solas. Nadie enteramente popular se mete acá. Eso es lo que nos va metiendo en un terreno pantanoso: no estamos del todo orgullosos de nuestra vida virtual. Falta una generación como para que podamos decir sin verguenza que conocimos a nuestra pareja por Tinder. Ese halo libidinoso que lo reviste, a mis experiencias me remito, es falso. Ojalá se pudiera coger tan fácil.

Voy al grano: vi una página en facebook al estilo de “tal cosa anda diciendo” o “me pasó en un…” que publica, con colaboración de todos los que ayuden, a los más lumpenes de la red social. No necesariamente los que están más abajo económicamente, sino los marginales que ensayan poses incómodas pretendiendo ser sensuales, que tienen fallas por todos lados, que son un bajón. No pretendo ensayar una defensa de ellos: no los toco con un palo, pero la idea de exponerlos bajo el nombre de “Nacional B del Tinder” me parece una de una hijadeputez máxima. No hay ningún tipo de tratamiento previo o algo interesante agregado, simplemente se los tira ahí para que la gente se ría de ellos. Ni siquiera tiene el espíritu artie de #ahlistoquevillero o la derechosidad casi simpática de Todos Gronchos. Quieren coger y ya viene gente que les hincha las pelotas. En la descripción de la página dice “Si contaminan tu tinder, mandanos la foto por inbox y mandalos a la B!”. Supuestos defensores del buen gusto, policías de las costumbres y la moral. Pretenden una red social que no se les escape de las manos, con toda gente linda. Chúpense una pija.

Acá está el link, yo ya los denuncié.

2) Para terminar y para contrarrestar este clima de mierda, cinco buenas canciones -de artistas que nada hubiesen tenido que ver con lo que dije arriba- para quedarse en la cama tomando café, o para caminar mirando con odio a todos.

 

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